martes, 26 de diciembre de 2006

Reflexiones Post Navidad

En primer lugar, debo cumplir con lo que me nace de la mas profunda sinceridad. Debido a mi decisión de no hacer el menor esfuerzo para buscar computadores o internet en los días de fin de semana (a lo que se debe el hecho de que yo casi nunca posteo en domingo o sábado) no he podido mandar saludos navideños casi a nadie. Aunque he recordado casi a todos.

Sin embargo, he recibido los que me correspondían. Gracias!!

Así, me doy cuenta una vez más que se siente muy bien cuando te das cuenta que alguien se toma la molestia de mandarte un saludo. No resulta necesaria una frase ingeniosa ni un regalo bonito, lo importante y realmente apreciable es saber que otra persona se acordó de ti y te lo hizo saber.

mM inacción hizo que no pueda hacer saber a muchas personas que yo tambien me acordé de ellas, de ustedes. Y, como nombrarlos a todos constituiría mas un acto de vanidad que de agradecimiento, simplemente les agradezco a todos sus deseos, reafirmo los mios y espero que la hayan pasado muy bien. Doy por recibidos los abrazos y envio los mios.

Que hayan tenido una feliz navidad.

Y ahora, pasemos a ciertas reflexiones que me vinieron a la cabeza en estos días.

1. "Fiesta Religiosa".

Fue en la navidad del año 2005 cuando en la peluquería me comentaban las virtudes de asistir a misa de gallo en navidad y hasta me aventuraron un cierto reproche a mi y a mi familia por que nosotros, simplemente, jamás fuimos a una misa de gallo. Claaaro, fue el mismo peluquero de quien hablé acá.

Y ahora me vino a la cabeza la pregunta que aquella vez me soltó a bocajarro consciente como era de que las tijeras las tenía él y yo no podía ponerme muy faltoso bajo pena de corte en las orejas. "¿Que es lo que celebras entonces en navidad?".

Aquella vez no le pude contestar por que, consciente como estaba de que las tijeras las tenía él, no quise despertar su furia. No vaya a ser que en nombre de monseñor Escrivá considere que mi purificación pase por la oblación del pabellón auditivo que tan útil me resulta en ambas orejas.

Pero este año, alejado como estuve de su peluquería, contesté. Yo no se qué celebrará él. Yo celebro con toda mi alegria algo mas simple, menos trascendental, menos divino y, a mis ojos, mucho mas importante. Celebro que tengo la posibilidad de reunirme con mi familia y decirles a todos con mis palabras, abrazos y sonrisas lo mucho que me importan. Celebro que esta fecha me da la posibilidad de sentarme nuevamente a la mesa con mis padres y mis hermanos y, mas allá de frialdades coyunturales, celebro el hecho de tenerlos a todos juntos y poder abarcarlos con una sóla mirada. Que no me vengan con pesebres o renos, para mi lo importante es poder saber que estoy vivo y que vivo aún con las personas cuyas vidas son las importantes para mi. Que mientras los tenga a ellos, tendré navidades.

No venga nadie a reducirme la navidad a una simple y anodina fiesta religiosa de las que está plagado el calendario, la misa y las indulgencias plenarias no tienen ni tendrán jamás el significado tan pleno de poder compartir un chiste de mi viejo con toda mi familia. Y soy consciente que Dios se siente mucho mas complacido viendonos sonreir mientras nuestra mascota estrena su nuevo regalo navideño que viendo a pios personajes sentados en una fria e indiferente banca participando de algo que no les ayuda para decir a quien los quiere, que ellos tambien los quieren.

Yo no celebro, yo agradezco el poder sentirme parte de un núcleo. Celebro la existencia de mi núcleo y la felicidad de sabernos siempre juntos. ¿Misa de Gallo? ¿Para qué? ¿Para alejarme de mi gente? ¿Ir todos juntos? ¿Para qué? ¿Para estar callados y sentados con frio en un sitio extraño en vez de compartir la alegria de nuestra mesa y el calor de nuestra sala? No gracias.

La verdad es que quizá yo haya retornado a la versión pagana de la fiesta de la luz que celebraban antes en la fecha de luna nueva del mes de diciembre (que usualmente coincide con el 25 de ese mes), pero esa celebración es la que me llena de alegría y, al igual que como piensan los musulmanes, si de adorar al divino se trata, no creo que haya mejor forma de hacerlo que disfrutando y usando lo que él me dió, mi libertad y mi capacidad de amar a mi gente.

Para mi la navidad es muchas cosas, menos una fiesta religiosa. Y me niego tajantemente a reducirla a eso.

2. I'll be back

Desde que llegué a vivir a Lima, he vivido siempre en Miraflores. Primero en una buena pensión multitudinaria, luego en un buen depa con mis hermanos y luego de ese en otros dos cumplidores depas que compartí ya no con los dos hermanos sino unos años con uno y los restantes con el otro.

El pasado 8 de diciembre, como lo conté acá, dejé de compartir el hogar con mi hermano y me fuí a mi "pìsito", como lo llamo yo.

Siempre me ha gustado Miraflores, me he sentido muy bien todos esos años viviendo ahí. Incluso la cercanía del mar, masa de agua que no me llama mayormente la atención en ninguna época del año, me resultaba simpática. Pero habían muchos otros detalles, la facilidad para llegar a casi todo lado, y la cercanía con los sitios a los que podía ir a tomarme una cerveza con los muchachos. Todo eso junto hizo que a Miraflores yo lo sintiera como mi casa. Era mi casa. Y fue por eso que hará unos años prometí que jamás, mientras viva en Lima, viviría en otro distrito que no sea Miraflores.

Mi pisito queda en San Borja.

¿Y dónde está tu promesa, entonces?

Es cierto, la promesa quedó en saco roto.

Estuve pensando en eso ahora que, por navidad y ante la visita de mis padres que fueron a su casa (la de Miraflores), tuve que regresar a la casa e incluso dormí en ella la madrugada del 25.

Y si, pues. Ya no vivo en Miraflores.

Lo que me recordó que hace 18 años, en marzo de 1988, luego de meses de embalajes y mudanzas, mi madre me sacó de mi casa en Cusco rumbo al aeropuerto. No tuve tiempo de recojer mi último juguete (un robot que se transformaba en una mariquita gigante, se veía muy viril el robotito ahora que lo recuerdo pero creo que, si regresaría en el tiempo, no le prestaría tanta atención ... no se vayan a crear falsas ideas, en fin) y mi madre, apurada como siempre que se trataba de aeropuertos y viajes, me dijo que no me preocupe que ella regresaría luego y que me lo daría.

Subímos al avión y salimos de Cusco, mi casa, mi hogar, mi patria pequeña. Pasaron siete años antes de que pueda volver a pisar tierra cusqueña, nunca mas he vuelvo a vivir allá y no tengo planes en el corto o mediano plazo (aunque si mucho entusiasmo por ello en el larguísimo plazo). Sin embargo, para mi, a mis siete años cuando me subí a ese último avión, el tema no fue tan definitivo. Para mi era un viaje más de vacaciones, pensaba iluso yo, que no me estaba yendo para vivir en otra ciudad - anodina ciudad, por cierto - sino que me estaba ausentando un tiempito y que iba a volver. En el fondo sabía que iba a volver. Que voy a volver.

Es lo mismo con mi promesa. En el fondo sé que voy a volver a Miraflores, mi casa. Pero por el momento tengo que irme a otros lados. Tan malo no es.

3. Pavo, no te vayas a correr.

Hará dos años que solté la idea "Y si este año en vez de comer pavo, comemos lechóncito". No tuve acogida. Tampoco la tuve este año. En verdad, en mi casa sólo se come el pavo. Pero no me quejo.

La cena de navidad en mi hogar es un clásico. Es casi como la pascua judía donde comen las mismas cosas. Con los años hemos ido añadiendo cosas y detalles, pero esencialmente siempre es la misma cena y eso nos hace felices por que, dicho sea de paso, sale riquisima.

Este años llegué a la conclusión que la cena navideña no es motivo para innovar o cambiar. Que esta bien que sea como es, como siempre ha sido, porque de esa forma ponemos en la mesa un rasgo mas de lo que somos nosotros, la familia. Nuestra cena, nuestra particularidad, nuestra identidad. Y esa no se cambia año a año.

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Me gustó esta navidad, seré sincero. Aunque me regalaron muchos cubiertos y cucharones para mi nueva casa. Puedo usar un juego de cubiertos por día y tendría cubiertos para dos semanas. Y pensar que no almuerzo en mi casa. En fin, en todo caso, ya tengo regalos para la proxima boda a que me inviten. Digo, es un decir.

4 comentarios:

R. de H. dijo...

Tampoco me considero religioso y como tú lo que más me gusta es reunirme con la familia. Sin embargo, si hay gente que siente la navidad como una fiesta religiosa (que lo es) pues tampoco me molesta esa espiritualidad.
Similar a lo que sientes por Miraflores es lo que siento yo por Surco que es donde he nacido y he vuelto a vivir después de varios años, aunque nunca lo abandoné del todo.
PD: El pavo en la mesa no se puede destronar.

El Rojo dijo...

A mi también me llega esa actitud que tienen algunos de querer embutirnos la idea de que la Navidad es una fiesta religiosa. Para bien o para mal, con el paso del tiempo la Navidad hoy es mucho más que eso.

Dragón del 96 dijo...

Navidad es navidad, al pasar de los años evolucionará y dejara de ser una festividad religiosa para convertirse en algo mas general que una a todos los tipos de personas con diferentes creencias e ideas. Tal vez se llame "dia de la felicidad y los regalos".

Aunque suena huachafo, la idea no será mala.

Feliz día de la felicidad y los regalos, otra vez.

Slaudos.

Angélica Camacho dijo...

Saludos por el año nuevo!
Que todo mejore en tu vida, muchos exitos y felicidad.

Un abrazote

Feliz 2007!