viernes, 30 de noviembre de 2007

Burdel (Parte III)

La parte I es ésta y la parte II, ésta.

Hará cosa de dos años trabajaba en una empresa cuyo nombre no voy a mencionar (tono y mirada de suspicacia) donde habían muchos abogados. Y un buen día, les llegó el día de ir a elegir a su decano. Como en todos lados, yo era el único que no estaba colegiado en Lima. Pero como era sábado, y a mi no me emocionaba quedarme en la oficina trabajando los sábados, odio trabajar los sábados, decidí que la mejor opción es hacerme al sueco e irme con ellos. Total, la jefa de Recursos Humanos nunca llegó a saber que ese no era mi colegio y que no tenía que ir a votar. Así que me subí y fui a ver una votación.

El centro de votación fue el Colegio Alfonso Ugarte y era el mismísimo infierno. Claro, basta imaginarse veinte mil abogados metidos en un mismo sitio. Uff, demasiado heavy. Y me vi en un espejo de horror en realidad. A cada paso que uno daba era un pleito. Los doctores se peleaban por el lugar en la cola, se peleaban por que el presidente de mesa era muy lento, se peleaban por que era muy rápido, se peleaban por que nunca faltaba el pendejo que quería hacer publicidad dentro, se peleaban por que uno se zampó en la cola ... ¡¡¡que iba al baño de hombres!!!, se peleaban por que uno votaba dos veces, se peleaban con la cajera que cobraba a los que tenían cuotas atrasadas, se peleaban por que otro rompía las listas pegadas en la pared, y seguramente habrían algunos cuantos que se sacaron la madre sólo por el gusto de sacársela.

Pero valga la aclaración. No era un clima de saludable confrontación entre varias facciones civilizadas. No. A pesar de la supuesta educación de la gente era una pelea de muy baja estofa. Todos se creían sapos y los paganos eran los pobres abogados que, indiferentes a esa lucha por un coñito de poder, sólo votaban para evitar que les zampen una multa. Ese día las elecciones no terminaron a la hora pactada (cuatro de la tarde) sino que se alargó hasta las seis entre gritos de los tardones y reclamos de los personeros que, de acuerdo a sus proyecciones, querían unos y no querían otros que siguieran entrando más electores.

Los resultados prometidos para las seis salieron como a las diez y el conteo fue un sólo de impugnaciones y discusiones. Eso me lo contó un amigo que, para mala fortuna, le tocó ser miembro de mesa. Los resultados aproximados dieron empate y segunda vuelta para tres domingos despues. ¿La hora? 11 de la noche.

Agradecí mucho no tener que haber hecho ni esa cola ni tener que estar todos los años (por que a estos colegas les encanta elegirse y reelegirse anualmente) viéndo semejante espéctáculo.

Meses despues cuando llegó la hora de votar en mi colegio me preparé para una escena similar. Felizmente, el pequeño número de abogados que somos permitió una votación aséptica, sin colas, sin demoras, sin gritos, sin pendejos, con un viaje larguísimo. Le agarré aún mas cariño a mi elección y, en la contrastación, ví como Lima es realmente una olla de grillos. Puro grito, mala fe y pendejada. Un Burdel.

Con lástima ¿no? por los buenos amigos que estan colegiados ahí y por los prestigiosos maestros que también lo están pero cuyo brillo no logra eliminar toda la miasma que generan los, hummmm, dieciocho mil abogados restantes.

Por eso, cuando la tía pintarrajeada me empezó a hablar de sus políticas de cloaca, simplemente levanté la mano de hastío y me negué a tener que enterarme de nada y reivindiqué mi elección calificándo a Lima con el adjetivo que le puse hace ya un par de años.

Y ya está.

Eso es todo lo que quería contar.

Intrascendente ¿no?

Ah!, sólo añadir que luego de todo esto, creo que mi carnet chalaco tiene muchisimo más caché que el otro. Digo, es un decir.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Yupanqui.

Yo a mi equipo lo quiero mucho. Es un sentimiento que lo llevo dentro del corazón y no puedo parar.

Soy un fanático, de tribuna semanal y cánticos aprendidos. De camiseta en día libre y que arruga totalmente cuando corre golpe (primero es la integridad, señores).

Pero junto a mi esportin querido, hay algunos otros equipos a los que le tengo cariño. En Perú le tengo alguna simpatía al Cienciano, por ese algo de cusqueño que tengo en la vida y en el alma. En España me cae bien el Barcelona, en Italia la Juventus, en Bolivia el The Strongest, y en Argentina el Racing Club de Avellaneda. La Academia. Esa misma de "En el norte y en el sur, al este y oeste, brillará blanca y celeste, la academia, Racing Club". Si pero, como hay tanto fútbol en Argentina, uno le agarra cariño a otros equipos también. Así siento que podría sentarme feliz a ver un partido del Chacarita Juniors, por ejemplo.

Y el cariño a cada uno de ellos tiene su historia, historias que no pienso contar en este post.

Este post es para contar simplemente que añadí otro equipito simpático. Luego de ver estos videos, debo declarar que Yupanqui me cae muy pero muy bien.





Aguante Yupanqui. La próxima vez que vaya a Buenos Aires te voy a ir a ver. Digo, es un decir

Pensamiento del abogado litigante durante la huelga nacional indefinida de los trabajadores del Poder Judicial y que lo dejó sin nada que hacer.

"Y ahora ¿qué se hace con tanta vida?"

miércoles, 28 de noviembre de 2007

¿Acaso soy el único ....

... a quien le parece que sacarse las tabas en la oficina definitivamente no es?

Digo no? De repente es un boom y yo soy el único que tiene reparos en mostrar las Lancaster. Pues que si hace calor ... mejor ven con chancletas. Si igual andamos con terno oscuro todo el bendito día.

No se, yo tengo mis reparos. Digo, es un decir.

martes, 27 de noviembre de 2007

Burdel (parte II)

La parte I es ésta. Si quieres, dale un vistazo.

Ante la invocación que me lanzó la ancha señora tuve, no sin gran fastidio, que levantar mi vista del periódico y soltar las cañitas con las que sorbía mi sabroso jugo de fresa con leche. La doctora me estiró una sarta de volantes con la cara impresa de uno de los candidatos al decanato del Colegio de Abogados de Lima y me lanzó: ¿Sabe usted que hay una gran denuncia sobre el doctor Gutiérrez Camacho? (uno de los otros candidatos al decanato y que, ante mi limitada visión y nulo interés se aparece como más respetable que los demás). Me limité a levantar una mano y gritar mi "ampaymesalvo".

Abogada - le devolví el vocativo - pierde su tiempo por que yo no estoy colegiado en este bur ... colegio. Tuve que retener la palabreja por que estaba, digámoslo de cierta manera, en su territorio. Me encontraba rodeado de otros abogados como yo y uno nunca sabe cuándo se puede encontrar con uno orgulloso de su pertenencia al gremio limeño. Además, la abogada no tenía mucho aspecto de soportar a pie juntillas tamaña afrenta del colegio que aspira se convierta en su fuente de ingresos por todo el siguiente año. Yo estoy colegiado en El Callao, - terminé la frase con lo que la doctora musitó un gracias, volteó hacia la otra mesa y empezó nuevamene: ¡Abogado! ...

Varios de mis amigos suelen gastar simpáticas bromas, a las que les sigo el hilo animadamente, sobre el hecho que yo haya preferido colegiarme en el puerto y no en Lima, como todos ellos. Ello va desde la afirmación contundente y dogmática que ... Lima trae mas caché. En cambio Callao ... como que no va, te quita prestigio. La mejor que me hicieron es aquella que comentaba que, cuando pagaba mis cuotas de colegiatura (lo que suele suceder cada dos años) en agradecimiento, me invitaban una sabrosa fuente de choritos a la chalaca. Lamentablemente (y va en serio eso del lamento) no es así. Si fuera así, iría mensualmente a pagar mi cuota.

Pero, más allá de la broma, yo me siento muy contento con mi elección.

Allá por fines del año 2003, antes de dar mi grado, ya analizaba con detenimiento el tema de la colegiatura y habían ciertas cosas de Lima que no me gustaban. En principio que, en esos tiempos, lo más probable es que me hubiera tocado la mátricula treinta y nueve mil y algo. Mucha gente, hermano. Demasiada. Ni hablar. Parece un rebaño. Cuarenta mil puntas. Uf. No, ni hablar. Pero, salvo ese detalle, lo que me pareció una real pendejada era lo siguiente: Luego de optar mi grado, debía matricularme en un cursito que me daba el mismo colegio que duraba más de un mes y, opiniones recogidas, era una completa tontería por que no te enseñaba nada (lo que era evidente) . La clave de eso era ... pagar una cuota adicional al colegio. Luego, entre la resma de documentos que tuve que presentar, varios de ellos tenían que ser en "formato valorado del CAL" y suscrito por el "Oficial Mayor del CAL". Léase: más pagos. En total, obtener la mátricula 39 mil y tantos me costaban como 1500 soles y me demoraba como tres meses. Eso sin considerar la larguísima ceremonia de juramentación en la que por lo menos 300 personas recibían su carnet. Insufrible ... y encima pendejo.

Y en el rico yauca? Pues nada, llevabas tu título con los sellos regulares (ANR y la Corte del Callao), 300 luquitas y un librito para la biblioteca. Nada de cursos ni formatos valorados. en total 500 luquitas y en menos de un mes ¡juá! Ya tenía todo. Además que la juramentación duró veinte minutos y luego zafamos rapidísimo por que estabamos en pleno Callao.

Así, mientras muchos compañeros estaban reventados, todavía yendo a oir su cursito que se dictaba de 6 a 9 de la noche en el Palacio de Justicia, yo ya tenía carnét, cinta, autorización y, lo que es mas bonito, un registro 34 mil números menor por que yo soy el 5 mil y pocos.

¿Bonito, no?

A parte que a mi El Callao siempre me ha parecido un sitio peculiar con su plaza, su dársena, su submarino, su fortaleza, su iglesia matríz, el chicharrón del mercado central, los Barracones, Santa Marina Norte, Santa Marina Sur, el jirón Saloom, Corongo, el obelisco, La Punta, La Perla y Cármen de la Legua. Incluso tengo gente muy cercana que tiene cierto afecto por Ventanilla. Cómo no enamorarse del lugar, su música y su gente.

Hablo en serio ¿eh?

En cambio, el CAL.

Bueh!

Paro acá el post. Espero terminar en la siguiente parte. Digo, es un decir.


viernes, 23 de noviembre de 2007

Burdel.

La audiencia era a medio día y el abogado (hoy voy a empezar narrando en tercera persona pero queda claro que "el abogado" soy yo; cuando diga "otro abogado" se va a entender que me refiero a .... ¡exacto! otro abogado) que todavía tenia una hora larga por delante se mete a la cafetería mas respetable de la última cuadra del jirón Apurímac a tomarse un jugo.

Vaso (o mejor dicho copón por que la fuente de soda esa tiene la extraña costumbre de servir los jugos en un copón tipo "cáliz", ese de donde sacan las hostias pero todo de vidrio) en mano y leyendo en su periódico las noticias previas a la última goleada que nos propinaron los bananeros del norte (y que no se ofendan que su principal exportación es, precisamente, plátanos) se me acercó una robusta mujer recontra pintarrajeada (que es sabido que las mujeres se maquillan unas, se pintan otras y se pintarrajean las más) y me interrumpió de mi saludable "entremés".

¡Abogado! me dijo y me sentí como un simple sans culotte a quien el jefe de la revolución le llamaba por el título mas recurrente e inequívoco: citoyen. Desde esa entrada me cayó mal. Y es que el tema no va por que a mi me guste que me digan doctor (que me da igual, en realidad) pero ... no sé. Lo intentaré explicar. Cuando me dicen señor, siento como que me dicen lo mismo que a todos. No me molesta que me digan señor en vez de doctor por que ... por que lo segundo es una huachafada y que yo sepa, doctor aún no soy. Esa mismo valor nulo le da el interlocutor que me dice señor y obtiene de vuelta a su vez un "señor" para él. O tal vez simplemente el interlocutor ignora la profesión del infrascrito (a pesar de su maniática forma de escribir) por que sencillamente éste no lleva la estrellita de siete puntas en el terno ni tiene escrito en la frente: "Abogado".

Pero, cuando una persona te dice abogado se siente como que él pensara que tu esperas un caramelo y él, malo malísimo, no te lo da. Te reconoce el derecho a tenerlo pero no te lo da por que ... pues por que no quiere. Como que te escatima el honor que te corresponde, lo que lo hace a él mas importante. Bueno, esa cuestión subdesarrollada de jerárquias es lo que yo percibo. Entonces, a pesar que a mi no me molesta que no me digan doctor, si me causa fastidio que me digan "abogado" por que eso suena a: "te tendría que decir doctor, pero como yo soy un chucha y tu no, no te digo doctor sino abogado".

La cosa es que la tía me dijo abogado y .... bueno, el post se alarga mucho y ya son las 7 y mi viernes recién empieza. Continuaré el lunes.

Espero que esto no se alargue innecesariamente como la de los chorizos que aún falta terminar pero que ya me aburrió.

Paciencia. Digo, es un decir.

Opacidad.

El prefijo [i-] es una variación del prefijo [in-] partícula lingüistica (buena con la categoría inventada) que sirve como una negación de la cualidad a la que se le antepone. En cristiano:

i-rreal es lo contrario de real.

así que ... ya sabemos que tendría que significar "i-lustre". ¿no? Falto de lustre, falto de brillo, como las tabas del abogado litigante luego del recorrido por los juzgados. ¿Capisci?

Ahora entiendo por que se dice "Ilustre Colegio de Abogados". Con tanto coleguita que tengo, definitivamente a ese gremio le falta lustre (las reconocibles y reconocidas excepciones son tan pocas que, mas que dar el lustre que faltan, quedan lamentablemente como escarchitas en medio de tanta ... opacidad).

Creo yo que ese colegio bien merecido tiene el adjetivo. Digo, es un decir.

Un comercial .....

Si no lo han probado antes, prueben el te helado del Starbucks.

Muy bueno.

Y la botella de vidrio sirve para traérla a la oficina y reemplazar la botella de plástico en la que uno se servía agua del bidón. El vidrio es más limpio y la etiqueta de TAZO da mas caché que la de Cristalina Backus.

Claro que entra menos pero, no se puede tener todo.

Que bonito sería que sí. Digo, es un decir.

Desempleado estadístico

Cuando lo del censo, yo pensé que ese domingo me iba a aburrir mucho. Así que, para evitar aburrimiento, decidí sacar la vena cívica y me inscribí como empadronador.

Me arrocharon feo.

El INEI no me llamó ni para preguntarme la hora.

Ahora, que ha pasado más de un mes, me mandan un correo ofreciendome una chambita eventual de encuestador por una semana con un pago total de ciento ochenta bataraces.

¿?

Debo haber quedado registrado, en la base de datos de INEI, como desempleado. Total ¿a quien en sus cabales se le iba a ocurrir ofrecerse de voluntario al censo? Definitivamente o no tiene chamba o esta loco.

Debo estar loco. Digo, es un decir.

Estoy seguro ...

... que cuando Noé anunció el diluvio universal, algún entusiasta habrá exclamado:

¡A chupar, a chupar, que el mundo se va a acabar!

Cuando llegó el diluvio, habrá estado de lo más contento.

De repente ni lo sintió, total, ya habría estado en "aguas". Digo, es un decir.

¿Mal día de chamba?

JA!

Esto es un mal día de chamba.



¡¡¡Agárrenme que me da!!!, ¡¡¡¡Alejenme de las computadoras!!!!!

Digo, era un decir.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Por que quiero a la blanquirroja.


Bueno, en primer lugar por que cada vez que digo "La selección ya me ha dado cada trastada que cualquier cosa que pase no me va ha impactar", termina recibiendo a cada cual más terrible goleada que ... me termina impactando igual.

Y si bien, a raíz del paseo que se metieron los monos con nosotros ayer, ahora se escribe mucho y se comenta más. Yo me voy a ahorrar mis comentarios de ese partido. Más bien comento un drama, casi una estupidez.

Y es que es muy de moda que luego de los partidos de la selección (de los que siempre salimos mal) la gente empiece a despotricar parejo, que todos declaren (como liberándose de responsabilidad) que estaban seguros que nos goleaban, y no faltan aquellos que, arrugando naricita, dicen con ínfulas de superioridad (como si la negación los liberara de los efectos de la derrota), "Yo no veo fútbol peruano" para culminar con un atorrantísimo: "A mi háblame de la Champions, del Inter, del Barza".

En ese sentido, los que no tenemos ambajes en declarar que sí vimos el partido, que si intentamos confiar en ese equipicho, que la goleada nos duele y que, ay vida mia, seremos de los impenitentes que el próximo junio llenaremos el monumental para ver el Perú - Colombia, quedamos poco menos como cavernícolas (¿cómo te puede gustar el fútbol?) fracasados (Pero ¿para qué, si siempre pierden?) y poco menos inteligentes que una ameba (¿Y qué esperabas, que ganen?).

Eso me hace recordar a un gran amigo que veo pocas veces y a quien el futbol no le interesa un pito. Pero cuando lo busqué para que me acompañe a tomar unas chelas luego del partido en que Perú le metió 4 a Paraguay hace cuatro años, ni bien me saludó me abrazó con un efusivo "¡ganamos!".

Así que, ahorrenme los comentarios también. Que yo sé que ustedes saben que el proximo partido también verán la posibilidad de ver el partido (incluso yendo al estadio) y que toda la desconfianza se transformará nuevamente en entusiasmo. El mismo que existió ayer hasta las 4 y 18 de la tarde cuando nos encajaron el primero de cinco.

Hace años, cuando todavía tenía el interés por el chat (interés que he perdido totalmente hoy por hoy), conocí a una chica de Rosario, Argentina. Hablando de varias cosas pasamos al fútbol y yo reconocí una cosa peculiar: "en el Perú nunca ganamos nada, pero siempre que empiezan las cosas, creemos que podemos ganar". Eso me recuerda el 2004 cuando nos declarábamos que podíamos ser la "Grecia de Sudamérica" en alusión al impensado campeonato europeo que había ganado una selección quizá más analfabeta que nosotros como la griega (Que bomba la de los griegos).

A pesar de todo, yo sigo declarando mi amor por la camiseta blanca con franja roja. ¿Por qué? Pues puede que sea un cavernícola fracasado mas tonto que una ameba pero ... eso no lo voy a admitir jamás. Por el contrario, creo que eso no tiene nada que ver ya que esa afirmación responde más a un juicio que realizan aquellos que, al final del partido, piensan más en "la pose que tengo que asumir para que esta derrota no me duela tanto" (Exacto, la cantidad de gente que luego del tercer gol, declaran a grito pelado que no confiaban en la selección, que sabian el final de la historia y que sólo hinchan por el Barcelona) que a una real conjunción de características mías.

Yo quiero a la blanquirroja por que, a pesar que he hinchado por otros países en varias ocaciones y he vestido camisetas distintas a esa, nada se compara a la sinceridad que siento cuando me pongo mi camiseta de Perú. Usualmente la gente no se pone una camiseta de Perú, prefieren por ejemplo una de Brasil o de Argentina. Llevar una enseña que tenga, por si sola, algo de que enorgullecerse. Yo lo sé. Yo lo he hecho. Allá por el 2004 fuí a ver la final de la Copa América en el Estadio Nacional apoyando abiertamente a Argentina y llevando puesta ... la camiseta argentina. Pero llevar la de Perú ... es como clamar a diestra y siniestra ... ¡¡¡¡Soy un luuuuuuser!!!!

Pues tal vez lo sea.

Pero esa blanquita con su franjita es la única que es realmente mía. Las otras no son mías, son de otros. Son otros los que terminan teniendo más derecho que yo de alegrarse de los goles y gritar los campeonatos. Su triunfo nunca será intrínsecamente mío, tampoco sus derrotas. Sólo la blanquirroja me permite ser sincero ... conmigo mismo. Y es que, cuando salía de la final de la Copa América el 2004 con mi camiseta argentina, desee realmente haber ido con la de Perú. La albiceleste, con todo lo que es, no me hacía feliz, no era mía. Yo no soy totalmente sincero en un estadio hinchando por Argentina. Yo, yo soy peruano.

¿Que drama, no? Y es que, el DNI lo puedo cambiar. La ciudadanía la podría cambiar y podría liberarme de tener que elegir entre Garcias y Humalas cada cinco años pero ... eso no me quita que nací y crecí acá. Que aprendí a llorar y reir acá, que mis primeros gritos de gol fueron por los de Perú, que me enamoré acá y acá me hice hombre y conocí también la tristeza. Que, al Perú, no me lo voy a poder sacar ni con bisturí caliente. Y mientras no deje de ver fútbol (lo que es casi imposible) siempre voy a saber que mi única camiseta es esa blanca con franja roja que la tengo doblada con la ropa de estación.

Tal parece que no tengo otra opción. Por cuestión geográfica y de tiempo me tocó en azar esa camiseta y la quiero por que la tengo que querer y por que no me queda otra señores. Y esa falta de opción hace que la quiera aún más por que, lejos de la soberbia que da el triunfo permanente (cómo los aburguesados brasileños que vinieron el pasado domingo a entrenar un poco) y lejos también de la humildad que da el saberse el pez chico, ésta es una insolente que se cree pez grande de a ratos. Plebeyo con más ínfulas de rey que de mendigo.

Por eso admito que me la puse ayer (mentalmente) y sé que me la volveré a poner cuantas veces sea necesario. Así tenga que comerme quinientos treinta y ocho goles y gritar sólo cuatro (de penal). Por eso sé que estos cinco que nos metieron pasarán rápido al olvido pero el grito del domingo ... durará mucho tiempo. Es como si, luego de rasgar una prenda, tienes adentro una igual. Como un dispensador de papel toalla. No importa cuántas saques, siempre habrá otra. No importa qué cosas pase, la blanquirroja me la voy a poner siempre.

A no ser, claro, que la Federación Peruana de Fútbol cambie el modelo de la camiseta. Digo, es un decir.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Perú - Brasil

Si.

Ayer fuí al estadio como lo tenía pensado.

Y grité.

Me gusta mucho ir al estadio.

Tomé un video, de cuando se cantó el himno. Como filmaba, yo no canté. Es que siempre canto fuerte. Canto fuerte por que si canto bajo no me salen las notas altas y bajas del himno y termino haciendo aún peor papelón. Y además, si cantaba fuerte no se escuchaba al estadio, que era lo que yo quería.

Acá está.



No vi el gol de Kaká. Justo miré para abajo para acomodar el plástico en el que me estaba sentando. Es el segundo golazo que me pierdo a pesar de estar en el estadio.

Y luego grité mucho más. Pero no tomé video.

Cuando grito gol, lo último que se me ocurre es grabar video.

Pero tampoco ví el gol de Perú.

Cuando Vargas pateó el balón, yo lo ví con destino de red y fuí uno de los primeros en gritar. Al gritar miré hacia arriba. No ví el momento preciso en que entró el balón. Pero mientras empezaba mi grito, el resto del estadio gritó. Así supe que no me había equivocado al empezar a gritar antes que todos.

Quedé ronco. Todavía sigo un poco ronco.

Quisiera inventar algo convincente para salir de la oficina este miércoles en la tarde y ver el partido con los monos.

Algo se me ocurrirá.

Me parece que ya va siendo momento de que me dé una pequeña fiebre. Digo, es un decir.

Munich

El aburrimiento puede ser el pié a muchas cosas interesantes.

El sábado estuve con Ernesto y, cansados ya de la típica reuna de los sábados, decidimos ir a nuevos sitios. Total, en Lima viven casi 8 millones de personas y en algún sitio debe haber algo distinto, diferente, simpático. Hartos ya de sentarnos en una banca del Cuadros en Miraflores o de ir al Bolivariano a tomarnos media res, decidimos enrumbar los pasos hacia el centro de Lima.

La primera parada fue el Rincón Cervecero que se mostró mas bien frío y vacío. Tal vez si hubiera más gente, el ambiente sería mejor. No es que sea malo, es sólo que estaba muerto.

Luego de la chelita de rigor (la idea era tomar una chela y buscar otro sitio) salimos en plena cuadra 10 del Jirón de la Unión. Al frente había una gran cola pero no se veía muy amigable por lo que preferimos meternos a una puerta con una escalera descendente. La puerta en forma de barrica del Munich nos recibió abierta.

No se ve bien pero, ahí estoy yo junto a la puerta-barrica.

El Munich resultó ser un bar pintoresco. Donde la música la ponían no un poderoso equipo sino mas bien dos señores de edad indeterminable sentados ante un piano uno y ante una batería de percusión (no era una batería, era un conjunto de tamborcitos, un par de platillos y un cencerro que formaban un armónico conjunto) el otro. Entre ambos se tocaron desde valses hasta Decisiones.

La gente de aspecto algo mas bohemio que en otros lados llenaba todas las mesas. Felizmente para nosotros un "mesón" circular de dos metros de diámetro (que acogía ya a varias personas) nos acogió y pudimos tomar nuestra chelita de rigor.

Buen descubrimiento el Munich. Tal vez no sea el mejor lugar de la ciudad pero ... siempre reconforta saber que existen mas opciones.

Los próximos sabados prometen más excursiones.

Sólo Dios sabe hasta donde llegaremos. Digo, es un decir.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Espresso

El otro día caminaba con Omar, muy buen amigo de la oficina, rumbo al estudio luego de almorzar un buen Bembos. Cruzando el parque Kennedy el Starbucks se fue mostrando frente nuestro. Omar soltó la idea de comprarnos un café para la tarde de chamba que venía. A mi no me pareció mala idea, sobre todo por que nunca me desagrada de todo tomarme un buen café mocha del Starbucks.

Pero, una vez frente al mostrador, la roñosería que forma parte de mi carácter se presentó en todo su esplendor. Recordé que pocos días antes había sacado una cuenta de mis despilfarros semanales y un rubro estaba formado por los constantes cafes especiales starbukianos. Así que, ascetico yo, decidí no comprar un café, que aparte no es que estuviera muy muy muy antojado. Que cuando me antojo, no hay razonamientos que valgan.

Pero, ya estaba adentro ¿no? Asi que opté por hacerme el gourmet y pedí un café expreso.

Con la copita en mi mano, recordé a mi madre con sus gustos de café y su saboreo placentero de amargas tazitas de café expreso. La copita la terminé en la oficina, luego de darle espaciados "piquitos", opté por meterme un tanganazo con el resto y sentir en carne viva la mas vívida experiencia que puede incluir el fonema "amargo".

No me gustó.

Pero a mi el café, en líneas generales, sí me gusta.

Así que llegué a una conclusión: Tomar café expreso es como morderse un ajo. Es decir, nadie niega que tienen un sabor especial y en la mezcla de ingredientes precisa, pueden llevar a un comensal al cielo pero ... ni uno ni otro podrán dejar de ser "ingredientes" no "productos". Creo yo, en mi inopia, que el café expreso sirve para mezclarlo con otras cosas y hacer cosas deliciosas. No para tomarselo todo de un sorbo. Es casi casi como morderse una cebolla ¿capisci?

La próxima que venga con dudas a la hora del café, pues o no compro nada o me compro un americano y me dejo de tonterías. A no ser que quiera castigarme por algo. Digo, es un decir.

Ayayay ... estos musulmanes.

Noticia!!!

En Pakistán, una mujer fue condenada por un consejo tribal a ser violada. Resulta que su esposo violó a una niña y el tribunal falló autorizando al padre de la menor a violar a la esposa del violador. Y eso a pesar de que los hermanos del violador ofrecieron como "resarcimiento" cuatro de sus hijas en matrimonio al padre de la niña violada. Pero este no aceptó, quería cepillarse a la señora.

Lógicamente la señora no aceptó y escapó despavorida.

Hay que añadir que en Pakistan este tipo de veredictos no están apoyados en la ley pero ... igual las cortes tribales aplican su justicia. ¿No me creen? Pues acá esta la noticia.

Gracias a 20 minutos que se va a volver una fuente inagotable de diversión y de posts para este blog.

Algo me dice que en los desiertos de Pakistán, deben haber muchas mujeres fujitivas corriendo despavoridas. Digo, es un decir.

Desazón

Yo estaba en mi primer ciclo en la universidad. Aburrido pues aún no tomaba las cosas en serio (en realidad no las tomé durante muchos ciclos más, quienes me conocieron darán fé). Y aún no tenía en tan alta estima el vicio de leer. Es más. Ni siquiera era un vicio. Era una ligera afición. Leía poco, en comparación con lo que terminé leyendo despues o incluso hoy.

En mi bagaje de lecturas todavía estaba caliente el recuerdo de "Cien años de soledad" que, para ese momento, ya la había releido cinco veces de las ocho que la releí en total. Una tarde, para paliar la molicie que me invadió y que no me permitía abrir mis separatas y leerlas, le pedí a un amigo hoy lejano que me prestara un libro. Me prestó un librito amarillito de hojas de papel periódico. El autor era mi conocido García Márquez y, libro en mano, me dirigí a mi habitación, me tiré en mi tarimita y empecé a leer. Veintiseis horas despues terminé el libro y tuve la sensación de haber leído la mejor historia posible (despues leí otras historias tan buenas como esas e incluso algunas mejores). Recuerdo que leí hasta tarde esa noche, desde temprano en la mañana siguiente, en la 46 (que ahora no existe y creo que es la 29) rumbo a la Católica, en la Católica, durante el almuerzo, en la 46 de vuelta, en mi tarima de nuevo, durante la cena, y la terminé esa noche. Quede totalmente satisfecho.

Muchos años despues la volví a leer y la entendí mejor.

Hoy vi que se ha estrenado (o se va a estrenar) una película sobre la novela. Con el mismo título: "El amor en los tiempos del cólera" y quiero ir a verla. Pero luego recuerdo la gran desazón que me suele invadir cuando veo películas de novelas que me marcaron y quisiera tener la fuerza de voluntad para prometerme jamás ver adaptaciones de novelas tan buenas y cumplir la promesa, sobre todo.

Luego me da un ligero fastidio por que el día que yo quiera decirle a un hijo que lea ese libro y esa historia tan buena, alguna alma hueca me diga. "pero para qué la va a leer si acá está la película". En esa perspectiva no quisiera que haya otra novela adaptada para el cine. Pero claro, el cine es distinto, tiene sus pros y sus contras y muchas películas buenas serían sólo reflejos mustios si las leyeras en vez de verlas. No quisiera desencantarme esta vez.

....

Esperemos que la adaptación sea buena y que dure en cartelera el tiempo suficiente para poder ir a verla (es que soy medio distraído con esto de los cines). Digo, es un decir.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Punto debil.

Usualmente suelo ser una persona que en no muestra emociones extremas. Es decir, salvo en el estadio, mis alegrías no las expreso gritando o saltando. Cosas así.

Sin embargo, si hay algo que me enternece hasta convertirme en un total imbécil babeante ... son los gatitos.


Too cute for words, originally uploaded by fofurasfelinas.


Todos tenemos un punto débil. Y yo además, quiero tener un gato. Digo, es un decir.

Post Scriptum: Sobre los que dicen que es de machos tener un perro y de maricas tener gatos, por mi, pueden irse a la mierda con sus comparaciones.

martes, 13 de noviembre de 2007

How's your faith today, Father?

Hoy compré mi entrada para ver el Perú - Brasil.



Y yo también pienso que nos van a golear.

Aunque, iré a esperar el golpe en la polla. Digo, es un decir

¿Latino yo? Ni hablar

Felix Luna es un historiador argentino de quién leí un librito de historia argentina muy interesante que compré en Buenos Aires. De él recuerdo un pasaje muy interesante en el cual, ante una invitación enviada por el gobierno del Perú (por las fechas debió ser el gobierno de Balta y posiblemente sea a la Feria internacional de 1872 que motivó la construcción del Parque de la Exposición y del Palacio y todo eso), el gobierno argentino declinó la invitación señalando, con otras palabras, que ellos no encontraban mayor interés en interactuar con los demás países latinoamericanos ya que su horizonte era Europa. Eso es algo que ya sabemos.

¿A que viene todo eso?

Y nada, que el otro día leí en un blog que no recuerdo cuál una crítica a la "política latina" y cómo el pueblo latino estaba muy pegado a la "nueva izquierda" de Chávez, Correa, Morales. Que Kirchner (hembra y macho) tiraban para el mismo lado al igual que Lula y que habían fuerzas muy grandes como las que encabezaban López Obrador en México y el impresentable Humala acá (a todo esto ¿Humala encabeza algo?). Ok dije. Pero desde ese momento no me gustó la idea de compartir la etiqueta "Latino" con toda aquella masa que se siente atraida por estos personajes.

Luego, ya en mi casa, zapeando un poco, vi la entrega del Grammy Latino y en ella a las "mejores estrellas latinas", lo "mas destacado de america latina" y demás epítetos que antecedían a: Ricky Martin, Shakira, Maná, y demás grupetes totalmente prescindibles y detestables. "Latinos" los llaman.

Dos mas dos igual cuatro. La idea es que ser Latino es ser un infeliz que deja que gente como Chávez le meta el dedo a uno y que canta sonsonetes de Ricky Martin.

¡¡¡¡¡¡HORROR!!!!!

En ese momento, mi sangre andina milenaria se sublevó en mis venas y me negué. Me niego a ser considerado "Latino", llamame "sudaca" si prefieres pero por favor, no me digas latino. Que, actualmente, ser latino es precisamente la conjunción de todos los caracteres que más detesto.

Uno de los sueños que aún no cumplo es conocer algún día Manhattan y caminar por sus calles perpendiculares. Tribeca, NoLiTa, Loisaida, Upper East Side, etc, etc, etc. No creo que me alcances piernas ni tiempo para recorrerlo entero. Pero me recorre un completo escalofrío de imaginarme que, cuando en cualquier circunstancia tenga que revelar mi querido origen peruano, el gringo de turno (los gringos también suelen ser constantemente una especie de pelotudos) me diga con "ispaniol" de colegio; "¡¡Ah!! Latino, Ricky Martin, Shakira".

Puaj.

Preferiría ser mediooriental y que me digan que soy terrorista, sinceramente.

Claro que no te meten a la carcel por ser latino.

Bueno, bueno, es cierto. También te meten a la carcel por ser latino.

En fin, ustedes me entienden. ¿no?

Digo, es un decir.

¿Por que no me callo?


Fernando Savater, a quien leo con mucho gusto por esa costumbre que tiene de hacerme leer de forma ya organizada y claramente escrita cosas que yo ya pensaba y sabía pero no podía decir y de quien ya hablé en este blog acá, escribió una vez que estaba en contra de la reinstauración de la monarquía cuando, allá por 1978, se debatía la nueva estructura que iba a tener el Estado Español y que luego fue plasmado en la Constitución Española de 1978. Cuando la gente le preguntaba por qué estaba en contra del Rey cuando el, en ese entonces, chavalillo se veía muy mono con su esposa griega y la pinta de españolon que no le cabía en el cuerpo, Fernando respondía que él no se oponía por que pensara que el Rey fuera malo, es más, reconocía que el Rey era bueno pero lo que no le gustaba era que, aún en el caso que el Rey fuera malo, igual tendría que aguantarlo. "Bancarseló" dirían los argentinos.

¿Y?

Pues nada, que cuando me enteré que Juan Carlos I hizo lo que muchos hubieramos querido hacer con Hugo Chávez (en mi caso añadiría una mentada de madre y un buen pescozón al mono ese) pues caí en cuenta que el Rey siempre me pareció un personaje agradable y que me inspiraba confianza. Me cae bien. Luego de ello pensé en lo que dijo Savater y, como casi siempre que recuerdo algo que dijo Savater, pensé que yo pienso lo mismo.

Claro que luego, por esa manía de la concatenación de ideas, recordé a Alejandro Toledo rompiendo todo protocolo real y estampando sendos besos en las mejillas de una sorprendidísima y casi indignada Reina Sofia y de (no estoy seguro si fue el mismo Toledo, otro personaje o sólo una leyenda urbana) cuando alguien acá en el Perú, frente a Felipe de Borbón, Príncipe de Asturias, le dijo: "salúdeme mucho a su mamacita".

martes, 6 de noviembre de 2007

lunes, 5 de noviembre de 2007

Innovaciones Jurídicas - Parte 2

Si no leíste este post, quizá no entiendas de lo que estoy hablando.

Ahora sí. Durante el fin de semana estuve dándole vueltas a eso del delito de "desovediencia" y, si salir del tema oológico, me pareció encontrarle una interpretación mas acorde con la realidad.

Verán, el juez me dice que cumpla con algo bajo amenazar de considerar que cometo un delito de "desovediencia". Y como los delitos son algo grave, cualquier detalle al que uno no le preste atención puede significar una acusación fiscal. Así que me dí cuenta que si yo no cumpliera el mandato judicial pues eso al señor juez le causaría un gran fastidio. Es decir, le rompería los huevos. Entonces, lo que el juez me quiere decir al advertirme de incurrir en "desovediencia" es que, si yo no cumplo le voy a causar una gran molestia (ergo, la ruptura de los cascarones) por eso debo cumplir.

Creo que ya voy entendiendo. Digo, es un decir.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Al tomar un taxi 4: Piénsalo bien.

La organización económica por la que opté para no gastarme la quincena en guán es que todos los viernes (como hoy) yo me pago un emolumento. Es decir, voy al cajero y saco el monto fijado previamente por mi y con eso vivo hasta el próximo viernes. Ese monto X es lo que tenía que cubrir las necesidades básicas: comida (desayuno, almuerzo, comida), transporte a donde fuera que tenga o quiera ir, diversión (principalmente la entrada al estadio para ver a mi esportin querido), y alguna otra cosita. Fuera de ese monto X, los gastos regulares (celular, alquiler del pisito, seguro médico) y los irregulares (cine, teatro, comida especialmente especial, compras en supermercados) las hago directamente con cargo al saldo de la cuenta. Es decir, el cheque mio que me has de dar lo meto cada quincena, independientemente del día que toque, a la cuenta y cada viernes yo me pago mi propia dieta (que actualmente es la única que me queda por que la otra ya la abandoné). Asi vivo.

Bueno, lo preocupante era que X es un monto apreciable para una semana considerando que soy un mocetón soltero y sin mayores preocupaciones ni deudas (Gracias a papalindo no tengo deudas, ni tarjeta de crédito siquiera. Eso causó que cuando quise poner a postpago el celular la chica de Movistar, al no encontrarme ni en bancos ni en Infocorp, me dijera que no existo) pero no llegaba ni al miércoles. Es decir, X se iba volando y yo no sabía por qué. Hasta que lo descubrí.

Y es que la manía de tomar Taxi hasta por cinco cuadras se chupaba mi dieta. De siete soles en siete soles (algunas veces ocho o nueve) me iba quedando sin un cobre y mi capacidad de ahorro se iba por la calle. Si a eso le sumo que de la Urbanización donde vivo no me saca nadie a no ser que camine siete cuadras hasta la Panamericana (no me gustas San Borja y tu cultura del carro propio) se ve que hasta para ir a sitios a menos de dos kilómetros de mi hogar, regalaba la plata. Eso causaba que X no cumpliera la función y no resultara siendo X por que a término de la semana terminaba gastando X+Y y a veces hasta +Z.

Decidí, con tu gran apoyo y colaboración por cierto, empezar a moverme en transporte público. Regresé a las combis y descubrí que X no sólo duró hasta el siguiente viernes sino que me sobró un monto equivalente al 40% de X. Desde entonces, para mí tomar combi no es un fastidio, es una mina de oro. Claro, que el tiempo que se pierde y todo eso pero ... reducir tus gastos en un 60% u 70% lo compensa. Y además, como soy medio puño, estoy recontento. Por otro lado, yo siempre tuve la manía de leer en los carros (por lo que me estoy quedando ciego del ojo izquierdo) y mi retorno a las combis significó mi retorno a la lectura activa. Voy a tener plata y tiempo para leer ¿Se puede pedir algo mas?

Parece que voy a volver a ahorrar, quien sabe y me regreso a Buenos Aires una vez más. Digo, es un decir.

Innovaciones jurídicas

Hoy vine a trabajar sin ánimos. Ayer fue un feriado riquísimo, encima ganó mi esportin querido y ya no está en zona de descenso. Descansé, escribí (ya se va a venir el primer libraco de este pechito pero ... será de derecho, los interesantes vendrán despues) y te extrañé. Supuse que me esperaba un día ligero, de despachar cuatro o cinco cositas en veinte minutos y luego ... dedicarme a la investigación para el opúsculo o a la wikipedia, lo que más ponga.

Sin embargo, ahora ando consternadísimo. La petición de un cliente de contestar un oficio me ha sumido en la preocupación. Y es que, aunque yo pensaba que las sorpresas profesionales las iba a encontrar en cosas algo mas complicadas que un simple oficio de un juzgado de paz de provincia, este oficio del segundo juzgado de paz letrado de Pisco me dejó anonadado. Y es que mas allá del clásico bla bla bla nos amenazan con acusarnos, si no cumplimos, por la comisión del delito de "desovediencia a la autoridad". Y bueno, yo que penalista no soy, me quedé preocupadísimo pensando en la de cosas que pueden estar acusándome y yo ni enterado.

"Desovediencia". Eso tiene que tener, por que no hay otra, algún tinte "ovular" u "ovárico" (supuesto imposible por que la autoridad en este caso es juez hombre) u "ovoide". Yo sé que despues del terremoto, las cosas en Pisco son el deshueve y tal vez por allí vaya la cuestión. ¿Desoveder a la autoridad? ¿Desovar al juez? ¿Deshuevar al juez? . ¡¡¡¡Acaso van a insinuar que al honorable juez le cort.... nooooooo. No me vengan a romper los

¿No me creen?

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Resoluciones como estas son el despelote. Digo, es un decir.

Obviamente, los datos que faltan los borré yo. Hay una cláusula de confidencialidad, que si no...